"Llegaste tú"
Estaba soñando cosas sin sentido como siempre, cuando sonó mi despertador, estiré la mano para apagarlo pero no lo encontré, así que abrí los ojos para saber exactamente donde estaba, miré en la mesita y no estaba ahí, en la cama tampoco, en el suelo nada, luego se me ocurrió mirar debajo de la cama y en efecto ahí estaba, no sé como acabó ahí, cuando me acosté anoche seguía en la mesita, pero bueno, no iba a estar investigándolo ahora. Recojo el despertador del suelo y lo coloco en su sitio, miro la hora y me tapo los ojos, era imposible que ya fueran las siete de la mañana, si apenas hace unos minutos prácticamente me estaba acostando.
- ¿El tiempo me odia? – volví a mirar el reloj y seguían siendo las siete – Sí, definitivamente me odia…
Me levanté de la cama y me metí a bañar, necesitaba una ducha rápida antes de bajar y encontrarme con mis locas y adorables compañeras de piso.
Me ducho y bajo unos minutos después, la sala está vacía y en silencio, algo raro en mi casa, me asomo a la puerta de la cocina y tampoco había nadie
- Qué raro ¿Dónde están?
Me alejo de la cocina y voy a ver a sus habitaciones. Me asomo a la puerta de Laura y veo la cama desecha, pero vacía…
- Lau ¿estás bañándote?
No recibo respuesta, así que voy al cuarto de Antonella, ella si duerme en su cama, pero con medio cuerpo fuera de su cama, me río y entro.
- No mamá, no fui yo, lo juro, lo juro por snoppy – suelta entre sueños y yo me río.
- Anto, no soy tu madre, pero podría serlo jajajaja – se despierta con mi risa.
- Val ¿eres tú? – Me pregunta con los ojos aún cerrados.
- Sí, soy yo ¿sabes dónde está Lau? – Le pregunto
- No, ni idea, anoche estaba con un tipo muy guapo en la discoteca, pero no supe más de ella…
- Está bien, voy a llamarla, sigue durmiendo – Le beso la frente y salgo dejándola dormir.
Llamé a Laura como cinco veces pero en ninguna de ellas entró la llamada, así que dejé el móvil encima de la mesa y me puse a hacerme el desayuno tranquila, no entraba a trabajar hasta el medio día.
Me preparé mi café de todas las mañanas, mis tostadas con mermelada de fresa y me senté en la terraza a disfrutar de la mañana, aunque no sé porque puse el despertador tan temprano, lo mío era masoquismo, cuando podía dormir unas horas más no lo hacía, prefería aprovechar el día y levantarme temprano. Terminé de desayunar y fui a la cocina para llevarle un poco de café a Antonella que seguro lo necesitaba. Así que entre en su cuarto con el café en las manos.
- Anto, despierta, te traje un poco de café, lo pongo en la mesita, no dejes que se enfríe…
- No, no lo dejo enfriar, tranquila, vete, quiero dormir
- Ya me voy mal educada – Me río- Cuando quieras estoy en mi cuarto preparando lo de la fiesta de Marco
- ¿Qué fiesta? – Me preguntó
- La de tu primo ¿no te acuerdas que le prometimos organizar su fiesta de despedida?
- ¿De despedida? – se estira en la cama y mira el café - ¿se va a casar? – Me reí.
- ¿Qué bebiste anoche Antonella? Tu primo se va a vivir a Inglaterra por un año – Me miró mientras tomaba el café.
- No le pidas peras al olmo, estoy de resaca y recién levantada, mi cerebro no funciona bien…
Estuvimos hablando un rato más hasta que sonó su teléfono y atendió, yo salí del cuarto con la taza de café vacía, la deje en el fregadero y me fui a mi cuarto a vestirme, aún estaba con el pijama. Cuando llegué a mi cuarto me acordé de que me había dejado el teléfono en la cocina, así que bajé a buscarlo, no sé porque me entra la angustia cada vez que siento que me falta el móvil, eso es culpa de la sociedad, que ha convertido el móvil en algo indispensable para el ser humano y más ahora con esto del WhatsApp, pero ¿a quién intento engañar?, soy adicta al móvil desde antes de tenerlo, es algo superior a mí, necesito estar en contacto con la gente en todo momento, por eso mismo trabajo en un karaoke-bar de camarera, me encanta estar tras la barra y escuchar las historias de los clientes.
El otro día estuvo un tipo en el bar, el cual había pillado a su novia, de toda la vida, con otro tío en la cama el mismo día que él le iba a pedir que se casaran, pobre hombre, se pasó toda la noche bebiendo hasta que no pudo más y tuve que enviarlo a casa en un taxi, así que por ese motivo no pienso casarme ¿Para qué complicarme la vida con una relación? Así como estoy, estoy perfecta. Suena mi móvil y lo miro, es un mensaje de Laura
- “Val, no dormí en casa pero no te preocupes, estoy demasiado bien, tu ya me entiendes jajajaja” – Me río porque sé perfectamente a lo que se refiere y le respondo.
- “Gracias por avisar, sigue como hasta ahora cochina jajajaja”
Después del mensaje, me siento mejor y me pongo con la organización de la fiesta, aunque no tengo ganas lo hago, no puedo fallarle a Marco, sonrío solo de pensar en él, después de lo que pasó entre nosotros le deseo lo mejor en Inglaterra, seguro que el año allí le servirá un montón.
¿De verdad quiero que se marche? Sé que no tengo derecho a pedirle que se quede, pero me duele que mi mejor amigo se marche así, ¿Pero qué digo?, tiene que marcharse a estudiar y ser feliz, y mi regalo va a ser la fiesta, así que manos a la obra Valentina, ponte las pilas ya. Despejo mi cabeza y empiezo con los detalles de la fiesta. Lo primero de todo es el lugar donde celebrar la fiesta, segundo saber cuántos invitados y luego el dinero con el que puedo contar, eso último tendré que hablarlos con los padres de Marco, y lo primero ya lo sé, la celebraremos en la casa que la familia de Laura tiene en las afuera, solo me queda lo segundo, para esto tengo que hablar con Antonella, pero duerme como un oso esa niña, igual tengo que saber. Me levanto y voy al cuarto de Antonella.
- Anto ¿Aun estás durmiendo?
- No Val, pasa
- ¿Qué haces?
- Reflexiono – La miro
- ¿Sobre qué? – Le pregunto.
- Sobre mi vida – Me mira – Ayer volví a discutir con Lucas
- ¿Qué pasó?
- No sé, estábamos bien y de repente va y me suelta que no quiere que vaya a la convención sobre psicología.
- ¿Te dijo el por qué?
- No, solo me dijo que no quería que fuera, por eso le dije que si iba a ir, que hasta que no me diera una explicación razonable, no iba a desistir de mi idea de ir.
- Muy bien, tiene que comprender que aunque es tu novio, no es tu dueño ¿Cómo te sientes con esto?
- ¿La verdad? – Asiento- Siento coraje, por algún motivo no quiere que vaya, pero no es capaz de decírmelo.
- ¿Sabes qué? Que le den, cuando quiera decírtelo que te lo diga – La abrazo – Que sufra un poco por gilipollas
- Tienes razón – Se ríe – Gracias.
- ¿Gracias? ¿A mí? – Asiente – De eso nada, sabes que no tienes que darme las gracias por nada Antonella Santonni.
- Igual quiero dártelas – Me abraza - ¿Para qué era buena?
- Para todo – Sonrío.
- No me refería a eso, soqueta.
- ¿Entonces?
- Me refería que para que viniste a mi cuarto
- Ah, es que estaba con lo de la fiesta de Marco y quería saber cuántos invitados van ser exactos, yo conozco a los más cercanos, pero de la familia te encargas tú.
- De la familia invitaremos solo a mis primas Carla y Ángela, mi hermano Bautista y mi primo Jean Carlo.
- ¿Jean Carlo? ¿Ese no es el que estaba estudiando fuera del país?
- Ese mismo, volvió ayer y me dijo que se apuntaba, junto con un amigo.
- Entonces seremos unas 25 personas, perfecto – Sonrío.
- ¿Cuándo vas a comprar las cosas?
- El lunes es mi día libre ¿Me acompañas?
- Claro, es una suerte que tengas libre un lunes – Me mira - ¿Te estás tirando a tu jefe?
- ¿Qué? – Le pregunto sorprendida.
- ¿Qué tiene? Es soltero, guapísimo y le gustas, no tiene nada de malo.
- Deja de decir bobadas – Me levanto – Entonces el lunes vamos a comprar eso, me voy a cambiar quiero ir al gimnasio antes de ir a trabajar.
- Si, vete a ponerte durita para tu jefe – Se ríe y yo la miro.
- Cállate la boca, mensa – Sonrío y salgo.
Voy a mi cuarto preparo todo lo del gimnasio y salgo para allá, no tardo ni cinco minutos ya que el gimnasio está solo a unos metros de mi casa. Entro y saludo a Bárbara, la recepcionista y sigo mi camino a los vestuarios, cuando llego, me cambio y salgo hacia las máquinas, hoy no me da tiempo de entrar a una clase de spinning. Miro a mi alrededor y el gimnasio está completo ¿Se pusieron todos de acuerdo? Bueno no me toca otra que esperar que alguien termine en la cinta, me pongo detrás de las cintas a esperar y saco mi móvil para mirar si me ha entrado algún WhatsApp, en ese momento se desocupa una cinta pero es ocupada por otra persona, me acerco.
- Perdona pero yo estaba antes – Me mira.
- Pues haber estado más rápida – Lo miro.
- Y tú deberías de tener menos cara.
- Lo siento muñeca, pero el que llega antes se coge la cinta.
- Llevo un rato esperando por esta cinta.
- ¿Y? – Programa la cinta, enciende el mp3, se pone sus auriculares y empieza a correr.
- Imbécil.
Lo miro y me largo de allí a otra máquina, por suerte una bicicleta estática estaba libre, pero ya el día se me volteó por el imbécil de la cinta. ¿Cómo se puede tener tanta cara? Me desquicia la gente así, se piensan que pueden hacer lo que les dé la gana sin importar las demás personas. ¿Por qué le doy tantas vuelta? Que le den, que se meta la cinta por donde le quepa.
